Como su arquitectura, en la que cada volumen y cada vacío están llenos de significado, las palabras de Manuel Aires Mateus (Lisboa, 1963) son medidas y precisas, fruto de una visión única en la que la arquitectura es un arte que transforma la vida. Seleccionado para dar forma al proyecto definitivo de Abama Resort, la exclusiva comunidad que se inspira en su nombre, Aires de Abama; su visión encaja a la perfección con la filosofía de un proyecto residencial que ha nacido y crecido pegado al territorio único del sur de Tenerife, Guía de Isora. Y es así, "con la ambición de dibujar casitas que miran al mar" que este arquitecto galardonado con premios como el Secil o los FAD y varias veces nominado al Mies Van der Rohe afronta "desarrollo único que reúne todo lo que es la isla: la topografía, el mar y la piedra".
"El primer impacto que he tenido al conocer Tenerife ha sido, desde luego, que es una isla. Esa idea de que estamos rodeados de mar... Luego está el tema de la piedra, el material que cubre casi toda la isla. También el aspecto topográfico, muy importante, y su tamaño, una escala reducida, muy humana", nos comparte cuando habla del territorio sobre el que edificará un proyecto en el que trabajará con los interiores del mexicano Alejandro Escudero.
Formado en la Facultad de Arquitectura de la U.T.L. y vinculado desde temprano a la práctica profesional junto a Gonçalo Byrne, Aires Mateus convirtió la disciplina en una manera de mirar el mundo, hasta fundar en 1988, junto a su hermano Francisco, un estudio que ha hecho de la geometría, la memoria y el vacío un idioma propio. "La arquitectura es un arte, pero es un arte no acabado, que solo se completa con la vida. La pintura o la escultura están acabadas. La arquitectura, sin embargo, necesita que la gente la termine. Es un arte en suspenso, pensado para la vida", reflexiona.
La obra de Aires Mateus, extendida más allá de Portugal y reconocida como decíamos con premios y menciones internacionales, no busca imponerse al paisaje, sino revelarlo; en ella, los volúmenes dialogan con el territorio y cada espacio aspira a nacer y a transformarse nutriéndose con el tiempo. Una visión que ha llevado a proyectos como viviendas, equipamientos culturales y edificios públicos y que aterriza en Abama donde la filosofía del resort entronca de manera natural con sus principios. "Lo que más me impresionó de Abama, además del hotel, muy libro, festivo e interesante, es la buena relación de cada construcción con la naturaleza. Los jardines, el golf... Todo funciona muy bien, tiene continuidad con todo lo que se construye. Es un valor muy impactante", concluye.
Casas que miran al mar
Consciente del papel que tendrá Aires de Abama como culmen de una comunidad residencial que bebe del territorio para fusionarse con él, Aires Mateus aborda el proyecto como un regreso a los orígenes: "Me parece muy bonito que, como manera de concluir el gran concepto que es Abama, regresemos a la escala más pequeña, la del pueblo", apunta al explicar las claves del encargo. "Como estudio, nos interesó la posibilidad de volver a una condición más primitiva. A mirar a cómo se construyeron los primeros asentamientos de esta isla: de una forma sencilla, con casas unas al lado de las otras. Esta es la idea inicial", resume el autor de obras como Centro de Día en Grândola (Portugal), el Museo Cantonal de Fotografía (MUDAC) en Lausana (Suiza) y la Facultad de Arquitectura de Tournai (Bélgica). "Gracias a la pendiente y a la topografía, que nos ayuda mucho, Aires de Abama será un conjunto de casas, unas al lado de las otras y unas mirando sobre las otras y siempre dando al mar", afirma.
Para Mateus, en la fase actual de proyección del desarrollo, el gran cambio vendrá del hecho de transformar el concepto apartamento en el concepto casa. "Tendremos todas las casas mirando al mar porque aquí el mar es el privilegio, es lo más importante. Trabajaremos sobre el concepto de casas individuales que miran al océano, con su jardín, su espacio de entrada… Queremos trasmitir la idea de que puedes tocar el suelo y el cielo, de que el espacio entre el cielo y la tierra es todo tuyo. Tiene mucho que ver con la escala natural de este lugar. Crearemos ambientes entre muros, usando la topografía, la piedra, el hormigón, los colores de la isla…Queremos continuar la naturaleza que hay fuera en el interior de las casas, encontrar una relación entre la naturaleza y lo que construimos.", explica. Para ello, es muy importante la elección de los materiales y su diálogo con el entorno natural: "La materialidad de todas estas construcciones será cálida, queremos tener materiales que sean reales y que tiempo les ayude en su proceso: que no los envejezca, sino que los mejore. Y queremos trabajar a partir de los tonos que cualquiera de nosotros puede reconocer en la isla: de la piedra, de los árboles…"
Junto con el diálogo entre arquitectura y naturaleza, podría decirse que, para Mateus, Aires de Abama respira cierto halo de refugio: "Quiero que la gente que habite estas casas se sienta muy acompañada, en una dimensión más humana. Cada vez vivimos en lugares más globales y complicados. Aquí queremos conseguir lo contrario: una escala pequeña, un tiempo distinto..."