Hay vistas al mar y hay vistas a lo extraordinario. Las propiedades de lujo en Tenerife de Abama Resort pertenecen a la segunda categoría: el océano Atlántico que se divisa desde sus terrazas no es solo un horizonte hermoso, sino la Franja Marina Teno-Rasca, una Zona Especial de Conservación declarada en 2011 dentro de la Red Natura 2000. Con casi 70.000 hectáreas de extensión frente al litoral occidental de Tenerife, baña los municipios de Buenavista del Norte, Santiago del Teide, Guía de Isora, Adeje y Arona, y alberga uno de los ecosistemas marinos más ricos y singulares del planeta. Hoy en nuestro blog queremos trazar un pequeño retrato de lo que vive —y lo que espera— bajo esa superficie azul que los propietarios de Abama contemplan cada día y que se ha convertido en uno de los ejes del trabajo del departamento de sostenibilidad del Resort. No en vano, en 2024 Abama Resort editó el libro benéfico, Abama Blue Ocean. Una publicación dirigida por el videógrafo y fotógrafo submarino Francis Pérez en colaboración la Asociación Pelagic Life que él preside, con la Asociación Tonina, el grupo de investigación Bioecomac de la Universidad de La Laguna y el grupo de investigación EOMAR (Ecofisiología de los Organismos Marinos) del instituto Ecoaqua de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Los fondos: arrecifes, arenas y cuevas de origen volcánico
La riqueza de esta franja marina comienza en el fondo. Por su origen volcánico, predominan los fondos rocosos abruptos y accidentados, con una multitud de cañones y valles submarinos que crean una complejidad estructural difícil de encontrar en otros mares europeos. Los arrecifes se extienden desde la línea de costa hasta los fondos profundos, cubiertos de una zonación de comunidades bentónicas de algas y animales distribuidas según la profundidad y la luz. En las zonas bien iluminadas dominan las algas de los géneros Cystoseira y Sargassum, características de la región macaronésica. Entre los fondos arenosos destacan los sebadales, praderas de la fanerógama marina Cymodocea nodosa que funcionan como auténticos viveros del mar: proporcionan refugio, zona de cría y alimento a multitud de invertebrados y peces, y son el ecosistema que sustenta buena parte de la cadena trófica de la zona. Las cuevas marinas sumergidas o semisumergidas, en cambio, viven en la oscuridad: sin luz para los organismos fotosintéticos, se convierten en el hábitat ideal para esponjas, corales, ascidias y briozoos, así como para crustáceos y peces de hábitos nocturnos que las utilizan como refugio durante el día.
Los peces: más de 350 especies en un solo espacio
La comunidad de peces de la Franja Teno-Rasca es una de las más diversas del Atlántico oriental, con al menos 358 especies registradas. Entre ellas se encuentran ejemplares tan llamativos como el pez trompeta (Aulostomus strigosus), con su silueta alargada y su capacidad de camuflarse entre los fondos rocosos; el gallo azul (Aluterus scriptus), de cuerpo comprimido y coloración azulada salpicada de manchas; la catalufa (Heteropriacanthus cruentatus), de ojos grandes y tonos rojizos; el tamboril espinoso (Chilomycterus atringa), capaz de hincharse para disuadir a sus depredadores; o el jurel azul (Caranx crysos), especie pelágica que forma grandes cardúmenes en aguas abiertas. Esta diversidad no es casual: es el resultado directo de la riqueza y variedad de los hábitats que ofrece la franja, desde los sebadales someros hasta los fondos oscuros de las cuevas y los arrecifes profundos.
Las tortugas: especies prioritarias en peligro de desaparición
Las aguas de la Franja Teno-Rasca son también un refugio crítico para dos especies de tortugas marinas catalogadas como prioritarias en peligro de desaparición en Europa. La tortuga boba (Caretta caretta) es un reptil marino de tamaño medio, con caparazón ligeramente ovalado y coloración pardo-rojiza, omnívora y de costumbres solitarias, cuya presencia en Canarias es especialmente relevante: el archipiélago constituye una de las áreas de alimentación y desarrollo más importantes para los juveniles de esta especie, procedentes de poblaciones americanas y caboverdianas. La tortuga verde (Chelonia mydas), de mayor tamaño y caparazón en forma de corazón con tonos verdosos o parduzcos, es fundamentalmente herbívora y vive ligada a los ambientes costeros donde crecen algas y sebadales de los que se alimenta. Su presencia en estas aguas está, precisamente, asociada a la extensión y calidad de las praderas de Cymodocea nodosa que tapizan los fondos de la franja. Esporádicamente, la zona recibe también visitas de la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) y de la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), la mayor tortuga marina del mundo.
Los cetáceos: la capital mundial del calderón tropical
Es, quizás, el dato más asombroso de todo este ecosistema: las especiales condiciones de las aguas del suroeste de Tenerife —cálidas y tranquilas la mayor parte del año, con grandes profundidades muy cerca de la costa— han generado un entorno inigualable para los cetáceos grandes y medianos. Hasta 22 especies distintas han sido registradas en la Franja Teno-Rasca, una cifra extraordinaria para un espacio marino europeo. Entre ellas, el delfín mular (Tursiops truncatus) y el calderón tropical (Globicephala macrorhynchus) mantienen poblaciones residentes durante todo el año, lo que significa que están ahí, bajo el agua que rodea Abama, en cualquier momento y en cualquier estación. Según los expertos de Mission Blue, la organización fundada por la oceanógrafa Sylvia Earle, este podría ser el lugar más grande conocido en el mundo con una población estable de calderones, lo que le otorga una relevancia científica y conservacionista que va mucho más allá del Atlántico.
El compromiso de Abama con este océano
Abama Resort no ha permanecido ajeno a la singularidad de este entorno. En el marco de la publicación del libro benéfico Abama Blue Ocean, el resort acogió un encuentro entre Max Bello, Director de Políticas Públicas de Mission Blue, Ana Dorta, alcaldesa de Guía de Isora, y Rosa Dávila, presidenta del Cabildo de Tenerife, para explorar las posibilidades de protección y gestión sostenible de la Franja Teno-Rasca. De ese encuentro nacieron compromisos concretos: la creación de un centro de interpretación marina en Guía de Isora y una colaboración más estrecha entre instituciones públicas y empresa privada. Mission Blue estudia además la posibilidad de declarar el espacio como Hope Spot, reconocimiento internacional que otorga la organización a los mares que requieren protección especial. Como señaló Max Bello, "no podemos hacer todo, pero todos podemos hacer algo". Abama eligió hacer su parte.
Las maravillas del océano frente a las propiedades de lujo en Tenerife de Abama Resort no son una postal: son una realidad viva, documentada y reconocida internacionalmente. Conocer el resort es también empezar a conocer este mar excepcional que lo rodea. Contacta con nuestro equipo y organiza tu visita: el Atlántico, como Abama, es algo que hay que experimentar para comprender.
Crédito fotográfico: Abama Blue Ocean