Detente y escucha. Bajo el rumor del viento alisio y el eco lejano del Atlántico, Canarias guarda un territorio sonoro propio, forjado durante siglos entre el campo, el mar y la mezcla de culturas que dieron forma a las islas. Desde tu casa en Abama, ese paisaje musical no es un dato de guía turística, sino algo que late muy cerca: en las parrandas que animan las fiestas patronales, en los timples que afinan antes de una romería, en las voces que durante generaciones han mantenido vivos los cantos y bailes más extendidos y reconocibles del archipiélago.
El folclore canario no nace de una sola fuente, sino de la superposición de capas históricas que las islas afortunadas han ido absorbiendo a lo largo de los siglos. La primera de ellas es la música de raíz aborigen guanche, sobre la que se asentó la influencia musical traída por castellanos y portugueses durante la conquista y colonización, y a la que se sumaron más tarde aportaciones de la música caribeña, llevada de vuelta a las islas por los emigrantes canarios que regresaban de América. A todo ello se añadieron, con el tiempo, los influjos de comerciantes genoveses, judíos, flamencos y británicos, en un cruce de caminos constante entre Europa, África y América.
Ese mestizaje también se refleja en los instrumentos. El más emblemático es, sin duda, el timple, un pequeño cordófono de cinco cuerdas y cuerpo abombado, de origen incierto pero plenamente canario en su desarrollo, cuya función tradicional ha sido servir de acompañamiento rítmico en las parrandas, aunque en las últimas décadas también ha ganado protagonismo como instrumento solista. Junto a él, la guitarra, el laúd o la bandurria aportan la base armónica y melódica de buena parte del repertorio, mientras que el violín, llegado de Europa en el siglo dieciocho, y el contrabajo, incorporado de forma más reciente, completan el sonido actual.
Isas, folías y malagueñas
Tres melodías reúnen en sentir rítmico de las islas: isas, folías y malagueñas. La primera es, probablemente, el baile más identificable del archipiélago: alegre, rítmica, pensada para el movimiento colectivo, suele abrir las romerías y marcar el tono festivo de cualquier encuentro popular. Podrás oírla en sus diferentes vertientes en las fiestas populares y romerías que se suceden por las localidades isleñas. No existe una única isa, sino que cada isla conserva su propia variante, desde la Isa del Uno o por el Uno en Lanzarote hasta la Isa majorera o corrida en Fuerteventura, pasando por la de Tenerife y Gran Canaria, con matices que cambian incluso de un municipio a otro.
La folía, en cambio, responde a un carácter más pausado, una pieza que invita a la escucha más que al baile desenfrenado, y que en muchas ocasiones se interpreta como homenaje. Tradicionalmente, los bailadores se acompañaban con chácaras durante su ejecución, un gesto que aporta a la folía esa cadencia pausada y casi ceremonial que la distingue del resto del repertorio. La malagueña, por su parte, con su origen vinculado a las coplas que llegaron desde la península y que las islas reinterpretaron a su manera, completa este triángulo sonoro con una cadencia propia, intermedia entre la isa y la folía. Aunque en las islas occidentales se mantiene la cadencia original de la malagueña, mucho más briosa, esta melodía, en general, se ha suavizado con el tiempo, mientras que en Lanzarote, Fuerteventura y algunos rincones más aislados de Tenerife conserva todavía el brío primitivo.
Estas tres melodías conviven en cada fiesta canaria, interpretadas con instrumentos como el timple, la guitarra, el laúd y la percusión tradicional, y son la base sobre la que se ha construido buena parte de la identidad musical de las islas. Lo valioso de este sustrato folclórico es que no se ha quedado encerrado en el pasado: ha alimentado, de formas muy distintas, a algunos de los artistas canarios más reconocidos dentro y fuera de España. Pedro Guerra, nacido en Güímar, Tenerife, construyó buena parte de su carrera desde el movimiento de la Nueva Canción Canaria, una corriente que en los años ochenta tomó la tradición musical de las islas y la fusionó con la canción de autor, dando lugar a temas que después triunfarían interpretados por artistas como Ana Belén. Rosana, nacida en Arrecife, Lanzarote, llevó la música canaria a millones de hogares con "El Talismán", una canción que combinaba sensibilidad isleña y vocación de éxito masivo. Y en la generación más reciente, Quevedo, criado en Las Palmas de Gran Canaria, ha demostrado que la música urbana también puede nacer y crecer en estas islas, conquistando listas internacionales sin perder esa identidad canaria que comparte, en el fondo, una misma raíz con la isa y la folía: la necesidad de contar quiénes somos a través de la música.
Disfrutar de la tranquilidad de tu casa en Abama significa tener a un paso esta riqueza cultural. La próxima vez que una parranda anime una romería cercana o una guitarra entone una vieja folía, recuerda que ese mismo territorio sonoro, con siglos de historia, forma parte del paisaje en el que has elegido tener tu refugio.
Créditos fotográficos: Hola Islas Canarias